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En conferencia, abordan el papel de los Chapayekas durante la semana mayor en comunidades yaquis

 

México (Newsmexico.com.mx).- La Cuaresma y la Semana Santa se viven de manera particular en el noroeste del país, donde para los pueblos yoémem (yaquis) y yoremem (mayos), Jesucristo no es aquel que fue crucificado en el Gólgota, sino un curandero que hacía el bien en las comunidades, particularidad que ocasiona su persecución y muerte a manos de unos personajes fundamentales dentro de este ritual: los fariseos o chapayekas.

Su relevancia durante la Cuaresma se abordó en la conferencia “La Semana Santa yaqui”, impartida por el investigador del Centro del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Sonora, José Luis Moctezuma Zamarrón, y el promotor cultural de la Unidad de Culturas Vivas, Patrimonio Inmaterial e Interculturalidad de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, José Luis Medina, con la que cerró el ciclo “De la ceniza a la gloria. Las tradiciones de Cuaresma y Semana Santa en Sonora”, realizado en el Museo Regional de Sonora, en Hermosillo.

Moctezuma explicó que la celebración de la Cuaresma entre los ocho pueblos tradicionales yaquis (Vícam, Pótam, Tórim, Bácum, Loma de Guamúchil, Ráhum, Huírivis y Belem) se reproduce desde hace más de 400 años, pese a conflictos militares como la Guerra del Yaqui, a finales del siglo XIX, o los éxodos derivados de esta, pues también se realiza en las localidades alrededor de Hermosillo, e incluso, en Baja California, Baja California Sur y Arizona, en Estados Unidos.

Sus raíces, aunó, se encuentran en los grupos cahitas que dieron origen a yaquis y mayos; el chapayeka, cuyo nombre en jiak noki -habla yaqui- significa “nariz larga” es una importación hispánica, legada por los misioneros jesuitas que, en época virreinal, se adentraron al noroeste del actual territorio nacional.

Se trata de un ser que viene del juyya ánia, el mundo del monte entre los yaquis y mayos, que es el territorio que da vida en términos de subsistencia, y en donde también convergen seres malignos y benignos.

El antropólogo dijo que, para poder evangelizar a los yoémem, los jesuitas se valieron de recursos como la teatralización de la pasión y muerte de Jesucristo, mediante la conformación de cofradías que representaran, entre otros personajes, a los fariseos, cuya principal característica es que conforman el ejército romano.

Los chapayekas marchan en dos filas y representan a varios personajes, que van desde aquel conocido como Seewa (flor en jiak noki), cuya máscara es la más tradicional, de orejas grandes con motivos de flor y nariz larga, que principalmente portan los líderes de las comunidades, hasta otros de menor categoría que usan máscaras de payasos, cholos o, incluso, de políticos.

Si bien tienen prohibido hablar o emitir sonido alguno, estos personajes se caracterizan por su personalidad bromista, ya que recurren a la mímica o usan los objetos de sus ajuares -lanzas o espadas de madera- para comunicarse.

Para ser chapayeka en los ocho pueblos yaquis, es necesario estar casado por la iglesia. “Ellos dejan de ser personas y se convierten en personajes animalescos que hacen maldades a la gente. Sin embargo, son escoltados por los cabos, jóvenes y niños quienes vigilan que no se excedan”, comentó Moctezuma Zamarrón.

Por su parte, José Luis Medina mencionó que, para los yaquis, el inicio de la Cuaresma es el 24 de diciembre, fecha en que presentan la danza de los Pastores, en la que aparece un personaje que hace referencia al fariseo, ya que porta el bastón y la cobija que forman parte de su vestimenta. “Es como si lo hubieran enviado para informar que ya nació Cristo, el que va a ser rey de los judíos”, dijo.

Al ser uno de los rituales más sagrados para los yaquis, el promotor cultural originario de Tórim aseveró que llevan a cabo una preparación, que implica presentarse con los mayores, recibir sus consejos, visitar con anticipación a los danzantes de pascola, venado y a quienes conforman los oficios litúrgicos, y establecer cómo deben comportarse y lo que pueden hacer fuera de las comunidades.

Finalmente, subrayó que en esta tradición participan niños, jóvenes y adultos, ya sea como parte de algún cargo o acompañando a los chapayekas durante los kontis (procesiones), pues durante estos 40 días la vida cotidiana de la comunidad se transforma. Asimismo, reiteró que, si bien todas las personas son bienvenidas para conocer esta tradición, es importante cumplir con los protocolos de no grabar video ni tomar fotos, así como de respetar el orden, ya que son tiempos de espiritualidad, reflexión y renovación para los yaquis.

 

 

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