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Fundado 24 de marzo de 2008 | 22 de agosto de 2025 |
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Inversión, empleo y salario, la ruta para hacer permanente la baja en pobreza
La reducción de la pobreza es un logro que debe celebrarse. Pero hay retos que aún permanecen y deben reconocerse. Aunque la pobreza disminuyó, la vulnerabilidad por carencias sociales creció. En 2024, 41.9 millones de personas —32.2% de la población— enfrentaron al menos una carencia. La más común es la falta de seguridad social (48.2%), seguida de acceso a servicios de salud (34.2%) y alimentación nutritiva y de calidad (14.4%). Además, la disparidad regional permanece. Chiapas, Guerrero y Oaxaca encabezan la lista de entidades con mayor porcentaje de personas en pobreza, al registrar tasas de 66%, 58.1% y 51.6% de su población en pobreza, respectivamente. En el caso de Chiapas, 1.5 millones de habitantes se encuentran en pobreza extrema, lo que equivale a casi una cuarta parte de su población. En contraste, estados como Nuevo León muestran que el progreso es posible: 53.5% de sus habitantes no son pobres ni vulnerables, reflejando que el bienestar sostenido se alcanza cuando convergen crecimiento económico, inversión productiva y empleos dignos. El papel del ingreso laboral Desde entonces, el salario mínimo ha seguido una trayectoria ascendente sostenida, acumulando un aumento real del 150%. Los resultados son contundentes: entre 2016 y 2024, la pobreza en México pasó de 43.2% a 29.6% de la población, mientras que la proporción de personas con ingresos inferiores a la línea de pobreza se redujo de 50.8% a 35.4%. La propia CONASAMI estima que la mitad de esta reducción entre 2018 y 2024 puede atribuirse directamente a los aumentos al salario mínimo. Este impacto también se refleja en los hogares: entre 2016 y 2024, el ingreso total creció 11% en términos reales, impulsado por el ingreso laboral, que hoy representa el 66% del ingreso familiar. Este avance confirma que el trabajo formal y bien remunerado es la vía más sólida para reducir la pobreza. Refrendamos así la meta de la Nueva Cultura Salarial: que ningún hogar con ingresos formales permanezca en pobreza. Actualmente, el salario mínimo general cubre el 90% de la línea de bienestar familiar, equivalente al doble de la línea de pobreza individual. Adicionalmente, el salario mínimo general en la frontera ya superó este nivel desde 2022. Retos estructurales: la población vulnerable por carencias aumenta La principal carencia sigue siendo la seguridad social, que afecta al 48.2% de la población y ha crecido en entidades como San Luis Potosí, Colima, Guerrero y Puebla. Le sigue el acceso a servicios de salud, que afecta al 34.2% de la población. Aunque bajó 4.9 puntos desde 2022, aumentó 18.6 puntos porcentuales con respecto a 2016, lo que equivale a cerca de 26 millones de personas más sin cobertura. El cambio del modelo de atención en salud para población sin seguridad social, ha sido el factor clave en este retroceso. En el caso del rezago educativo, si bien registra una reducción con respecto a 2022 (- 0.8 puntos porcentuales), en seis entidades aumentó esta carencia y el porcentaje apenas ha variado respecto a 2016. De acuerdo con el INEGI, el rezago educativo ha crecido para niñas, niños y jóvenes en edad escolar; hay 1.5 millones más población entre 3 a 21 años que no asiste a la escuela y no cuenta con educación obligatoria. Postura COPARMEX El empleo formal es la principal fuente de ingreso y la vía de acceso a servicios de salud y seguridad social para la población en todos los niveles económicos. En los últimos años ha mostrado un crecimiento importante, fruto del esfuerzo cotidiano de las personas, del compromiso de las empresas con el pago de salarios y de las políticas laborales que, desde 2016, han fortalecido la cultura salarial y elevado de manera sostenida el salario mínimo. Desde el sector empresarial seguiremos apoyando la recuperación del salario mínimo general, conforme a la meta del Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030, y mantendremos el impulso al salario digno como iniciativa voluntaria según la capacidad de cada negocio. Confiamos en que el gobierno contribuya a este propósito fomentando el crecimiento económico, la inversión y la productividad. Urge, además, actualizar las tablas de retenciones de ISR para que los aumentos al salario mínimo beneficien en mayor medida a los hogares. En contraste, es imperativo que en el próximo Presupuesto de Egresos se prioricen la educación y la salud. Ambos son pilares fundamentales para asegurar movilidad social y bienestar. Debemos garantizar no solo el acceso, sino también la calidad de los servicios que reciben los hogares mexicanos, de manera que ningún ciudadano quede rezagado por falta de oportunidades en estas áreas esenciales. El gasto privado en salud creció 40% en 2024 con respecto al 2016, afectando más a los hogares de menores ingresos, lo que evidencia la urgencia de corregir el rumbo de las políticas gubernamentales. Hacemos un llamado a construir una economía inclusiva con crecimiento equitativo y sostenido. Para ello, se requieren cinco líneas de acción: Generar empleos de calidad con remuneraciones suficientes. Incorporar a más mujeres y jóvenes al mercado laboral formal. Impulsar cooperativas y negocios de economía social que fortalezcan el tejido productivo local. Garantizar educación y servicios de salud con calidad y equidad. Mejorar la distribución de programas de transferencias, asegurando que lleguen a quienes más lo necesitan. Propiciar condiciones de certeza jurídica y seguridad que promuevan la inversión y la generación de empleo. Los negocios en México contribuyen a abatir la pobreza al crear oportunidades, pagar salarios, invertir en innovación y sostener el desarrollo económico. Por ello, reiteramos nuestro compromiso con un México mejor, con movilidad social, justicia económica y un piso de derechos sólidos que consolide una reducción de la pobreza estructural y sostenible.
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