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Canadá no pudo ante un rival aparentemente débil, y apenas rescató su primer punto mundialista con Bosnia-Herzegovina

 

México (Newsmexico.com.mx).- Por primera vez en su historia Canadá se convirtió en sede de una Copa del Mundo de futbol, pero eso no pareció entusiasmar a los habitantes de Toronto que no llenaron el pequeño estadio para 45,000 espectadores, fue como un presagio para los anfitriones que en el papel debieron tener la oportunidad de obtener su primera victoria mundialista ante un equipo poco relevante en el escenario de la UEFA como es Bosnia-Herzegovina, que casi se lleva la victoria y al final cedió el empate a 1-1.

Para los canadienses quedó demostrado que el futbol no es lo suyo. A pesar de que en la ceremonia de inauguración le echaron ganitas, en las tribunas con muchos huecos vacíos, donde más se notó fue en la zona central donde los boletos la FIFA los vendió hipercaros. Ya en el partido el inmueble se vio nutrido, pero el ambiente, seco, no en vano los norteamericanos llaman a sus vecinos los primos aburridos.

En lo deportivo, ambas escuadras dieron un anticipo de lo que será este mundial con más equipos participantes, pero una caída en la calidad del espectáculo debido a que las dos escuadras se cansaron de cometer errores, no sé si era por los nervios del debut o, porque así son. De por sí, que en un Mundial con 32 escuadras hay partidos malitos, ahora con más invitados de media calidad el espectáculo es del mismo nivel.

El equipo que dirige Sergej Barbarez no le escapa al prototipo del Este europeo. Futbolistas físicamente potentes, altos, difíciles de superar en el cuerpo a cuerpo, y disciplinados para mantener el orden sin la pelota. Sus problemas suelen surgir cuando el instrumento en cuestión les cae en los pies. El planteo es muy simple: agruparse en su campo, robar el balón -o esperar que el rival se lo regale- y correr hacia adelante lo más rápido que se pueda.

El objetivo buscado, más que marcar un gol con esa fórmula (Ermedin Demirovic desperdició la única ocasión creada a partir de un pase largo), es conseguir un córner o un lateral en ataque que permita a los más fornidos sacar ventajas en las alturas. Barbarez se guardó en el banco al legendario Edin Dzeko para ubicar en su lugar a Jovo Lukic, máximo artillero de la liga rumana esta temporada. Antes del cuarto de hora, el jugador del Universitatea Cluj -198 centrímetros de talla- ya les había ganado dos veces a los defensores locales. La tercera fue la vencida: a los 20, Sead Kolasinac peinó un córner en el primer palo, y a dos pasos de la línea, Lukic metió el frentazo para el 1 a 0.

El más norteño de los organizadores de este singular Mundial tiene otras características. La principal es la velocidad. Alguien habrá pensado que alcanzar las líneas contrarias en el menor tiempo posible sería un buen método para disimular la escasez de talento, y los jugadores responden al toque del tambor para lanzarse hacia el arco contrario sin caer en la cuenta de que, sin la capacidad técnica suficiente, el exceso de rapidez lleva indefectiblemente al error en la precisión, y tampoco soluciona nada.

Sí es verdad que no se le puede discutir a la selección canadiense ni el empeño ni la persistencia. Insistió sin desmayo en alcanzar el empate; lo merodeó en un par de ocasiones -un rechazo apurado de Kolasinac se estrelló en el travesaño y Nikola Katic salvó en la línea un cabezazo picado de Tani Oluwaseyi-, y lo logró cuando el técnico Jesse Marsch puso sobre el césped a Cyle Larin. En la primera pelota que tocó, el hombre del Southampton inglés recibió en la puerta del área, se acomodó la pelota, giró, remató de derecha y con la ayuda de un desvío hizo gritar a su gente en las tribunas. Incluso pudo llevarse un premio mayor cuando en el minuto 95 Tarik Muharemovic le bloqueó al propio Larin un disparo con aroma a gol.

 

 

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