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Ante el maltrato a las infancias el cambio cultural ha tardado mucho más: Mónica González, UNAM

 

México (Newsmexico.com.mx).- Lo que nos determina si algo es maltrato a las infancias tiene que ver con la garantía de los derechos, no con lo que cada madre, padre o las personas cuidadoras decidan qué es lo mejor para sus hijas e hijos, sino con aquello que está reconocido en la ley, explicó la directora del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Mónica González Contró. 

El buen trato, abundó, es la certeza plena de las prerrogativas: alimentación, salud, juego, esparcimiento, expresión, libertades, participación.

En el lado contrario ubicamos la explotación sexual infantil, que sería el extremo del daño, vulneración radical, práctica intolerable; sin embargo, en medio existen numerosas conductas que pueden estar en un sentido o en otro, y que también depende de las actitudes de los adultos.

Podemos identificar el maltrato infantil como la negativa a satisfacer los derechos teniendo la posibilidad de hacerlo, enfatizó al dictar la conferencia “Bioética y derechos humanos para infancias dignas y libres de violencia” en el Seminario Permanente de Bioética UNAM-PUIREE, la extitular de la Oficina de la Abogacía General de la Universidad Nacional.

La experta indicó que existe una situación que atraviesa las circunstancias históricas y se intercepta con otras condiciones. No podemos decir que una mujer está maltratando a su hija porque no la nutre adecuadamente, si ella carece de los medios suficientes para alimentarla.

Es decir, no es solamente el daño que se puede infligir; tenemos que identificarlo de acuerdo con los contextos en los cuales se desarrolla, precisó.

En México, comentó la especialista, la Ley General de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes es de 2014; tiene poco tiempo y había maltrato legal porque no se contaba con una legislación adecuada para proteger y garantizar sus prerrogativas, o también la falta de mecanismos accesibles.

Recordó que aparecen por primera vez en la Constitución de una manera primaria y precaria en 1979, como recipiendarios de las obligaciones de los padres, madres o tutores. Hasta el año 2000 se utilizan las palabras niñas y niños en nuestra Carta Magna, este cambio tan radical no ha logrado transformar la realidad.

Normalizar la situación

Ante Javier Abraham Hernández, del Comité Organizador del Seminario Permanente de Bioética, González Contró resaltó:

Si vemos que quienes tienen la representación por ley, porque así lo establece el derecho, son también quienes en ocasiones cometen violencias y maltrato; estamos en una situación complicada.

Hasta hace pocos años se entendía que los padres podían hacer lo que fuera con ellas y ellos para protegerlos, por ejemplo las prácticas de crianza como el castigo corporal y humillante.

Era una forma lícita y culturalmente aceptada para educar, y lo sigue siendo hoy en día. Es decir, ya no lícita porque hay una prohibición, pero culturalmente vemos que las situaciones de violencia son aceptadas. “El cambio cultural ha tardado mucho más”.  

 

 

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